2018 Perú (y IV)

  Nuevo Chimbote-Trujillo ( 168 k)

   Parece que al Perú le cuesta arrancar los sábados. Si el resto de días laborables desde primera hora la actividad diaria llena las calles, hoy todo está muy tranquilo, al menos a la hora habitual a la que suelo levantarme. Hoy toca etapa corta y espero que rápida, ya que deseo estar a buena hora en Trujillo. Voy a pasar el fin de semana en esa ciudad y además hay gente  que espera mi llegada. Antes de dejar el hotel doy un paseo por Nuevo Chimbote, no hay nada especial que no hubiera visto ayer, pero lo hago para ocupar el tiempo con el fin  de que, mientras tanto, levante un poco la neblina que envuelve a la ciudad. Sobre las 9 ya no aguanto más, arranco y salgo en dirección Trujillo. Como N. Chimbote está al sur de Chimbote (viejo) y de Trujillo,  otra vez me toca cruzar esa ciudad. A estas horas el tráfico en el centro de Chimbote está más tranquilo que ayer, lo que no ha cambiado es el pestilente olor a pescado podrido…La neblina persiste, pero a cambio me llevo la sorpresa que encuentro grandes tramos de la Panamericana que son autopista. Lo he comentado más veces pero conviene recordar que en sudamérica el concepto autopista y el que cualquier europeo entiende, pueden llegar a ser bastantes diferentes. Hay tramos en los que la mediana está bien definida, otros no tanto, las incorporaciones, salidas, cruces, pueden estar igual a la izquierda que a la derecha, no hay circunvalaciones por lo que la propia autopista cruza por el centro de las poblaciones, sean grandes o pequeñas, pasando a ser una carretera normal, y por supuesto que en estas autopistas te puedes encontrar circulando cualquier tipo de vehículo y con cualquier tipo de tracción (mecánica o animal). Pero la gran ventaja es el poco tráfico que, excepto en las cercanías de la poblaciones, encuentro esta mañana.

   Cerca de Trujillo el cielo está completamente azul y se nota el aumento de temperatura. Tengo que llegar hasta la misma plaza de Armas, ya que en uno de sus edificios se encuentra el hotel Libertador y es en el que me alojaré estos días. El recorrido hasta el, me va mostrando una ciudad que creo me va a gustar, a pesar de ser bastante grande ya que es la tercera ciudad más poblada de Perú, superada por Lima y Arequipa, y tiene una población de prácticamente un millón de personas. Los edificios de la zona central, el casco histórico, están muy bien conservados y son muy coloridos, además toda esta zona se ve muy limpia y cuidada. El Libertador tiene unas instalaciones de primera, lo mismo que su ubicación, y esto, sea dónde sea, tiene un precio, que a pesar de ser el más alto del viaje estoy dispuesto a pagar, casi 100 euros la noche. A cambio mi habitación es grande y con vistas a la plaza.

  El único pequeño inconveniente del hotel es que no tiene cochera en el propio edificio, está situada a una cuadra del mismo, aunque tampoco es mayor problema. Descargo la moto y cuando voy a llevarla hasta el garage, Pedrito, uno de los taxistas del hotel me pregunta «por favor, patrón, ¿me permite subir a la moto y  acompañarlo al parqueadero?», claro que sí hombre, venga suba. No sin ciertas dificultades se encarama al asiento trasero de la GS, por supuesto sin casco, y arrancamos. Pedrito debe ser muy conocido en esta zona, ya que en el corto recorrido que hacemos en moto, toda la gente le saluda efusivamente. El está encantado de que le vean subido en la BMW y corresponde alegremente a esos saludos.

   Diego de Almagro fue quien en 1534 eligió el lugar para su fundación, e imagino que para «hacerle un poco la pelota» a Pizarro la puso el nombre de «Villa de Trujillo» en referencia al pueblo natal del su jefe. El propio Francisco Pizarro fue el que al año siguiente hizo oficial su creación retocando el nombre inicial que pasó a ser «Trujillo de Nueva Castilla». La ciudad tuvo un importante y decisivo papel en la independencia del Perú. En diciembre de 1820  fue la primera ciudad peruana que completó el proceso que dio lugar a declarar a continuación su independencia de la corona española, con el conocido general argentino San Martín de por medio. Según cuentan, aquí fue el primer lugar en que se izó públicamente la bandera peruana.

 Hace unos días Marisol Huacac, organizadora de los E.G.V en Perú, me comunicó que, aprovechando mi estancia en Trujillo, el  sábado por la tarde tomaría un vuelo desde Lima y vendría a pasar el fin de semana aquí, de este modo vería a sus amistades en la ciudad y también me las presentaría para que me aconsejaran durante mi estancia. Una de esas amigas se encargaría de ir a recogerla al aeropuerto y más tarde pasarían a recogerme a mi hotel para irnos juntos a cenar. De este modo aproveché la tarde para ir tomando el pulso a la ciudad. Me gustaron mucho sus edificios coloniales, y también que tenga calles peatonales por las que caminar tranquilamente. Primero almuerzo a base de marisco en un lugar que me han recomendado, Puerto Mori. Más tarde, un largo paseo me devuelve a la Plaza de Armas y entro a la catedral, ya que veo que dentro hay una celebración. Pregunto y me entero que es un acto en honor de la Virgen Blanca, con procesión incluida. El ritmo y la alegría de la música que acompaña todo esto es, como en toda sudamérica,  realmente llamativo. Poco tiene que ver con las músicas que estamos acostumbrados a escuchar en celebraciones similares en España.

 Tenía pensado marchar de aquí el lunes a primera hora, pero hago un repaso a todo lo que hay que ver en Trujillo y sus alrededores y decido alargar mi estancia un día más, me iré el martes. El sábado por la noche,  la amiga de Marisol que ha ido a buscarla al aeropuerto, lo ha organizado todo para que cenemos los tres en uno de los lugares de moda, un restaurante-parrilla que se llama «Coco Torete». Me lo paso muy bien conversando con ellas, pero además tengo la suerte de que aparte de ser una excelente y amable anfitriona, debido a su actividad profesional también es una experta conocedora de la actualidad política, no sólo de Trujillo, también del resto del Perú. Cuando visito cualquier país, una de las cosas que más despiertan mi interés es todo lo relacionado con la situación político-social del mismo. Gracias a su amena conversación y a su paciencia respondiendo a mis preguntas, esta noche conozco mucho mejor la sociedad peruana y la convulsa vida política y económica, pasadas y actuales, del país.

 El domingo Marisol me lleva a conocer Huanchaco, ciudad que está a pocos minutos de Trujillo y que viene a ser una especie de Torremolinos peruano, a escala. Tiene una bonita playa, un concurrido paseo marítimo todo lleno de restaurantes, donde se come buen marisco y pescado  a precios muy económicos. Imagino que las noches deben ser también muy animadas, ya que veo gran cantidad de pubs y algunas discotecas. En lo alto de la ciudad se encuentra la ermita de La Virgen del Socorro, imagen muy venerada en todo el país, tanto que hace tan solo unos meses el Papa Francisco visito el Perú y ofició una misa en una explanada aquí cercana, y dicha misa estuvo presidida por la imagen que de esta virgen se guarda en la citada ermita. También Huanchaco es famoso dentro del mundo del surf, ya que en 2013 fue la primera playa latinoamericana en ser reconocida como «Reserva Mundial del surf». Y este dato del surf mantiene una estrecha relación con sus «caballitos de totora», unas peculiares embarcaciones construidas con juncos de totora, que al perecer proceden de la época de la cultura Moche (siglos II al V) y debido a su forma hay quienes los señalan como los antecesores de las tablas de surf . Dicen que los pecadores moches ya utilizaban estas embarcaciones para salir a por sus capturas y también para su diversión. A los peruanos les gusta decir que fueros ellos, los moches, los primeros surfistas de la historia.

 El lunes le dedico a conocer varios lugares arqueológicos cercanos a Trujillo. Visito las Huacas (pirámides escalonadas) del Sol y de la Luna,  también pertenecientes a la cultura Moche. Además de esta, aquí existió otra cultura preincaica, la Chimú. La cual se desarrolló desde el siglo II hasta el XV, en que fueron sometidos por los Incas. Por este motivo, posteriormente los Chimúes no tuvieron reparo en unirse a los conquistadores para ayudar a los españoles a  derrotar al imperio Inca. Su capital estaba en Chan-Chan, la ciudad de adobe más grande de América. Ambas visitas me han parecido muy interesantes ya que no sabía mucho, o más bien nada, acerca de estas dos culturas. 

 Como hoy no tengo que conducir la moto, a mediodía tomo un buen almuerzo en uno de esos restaurantes económicos y populares que tanto me gusta frecuentar. Como siempre la comida es sabrosa, abundante y con un precio apto para todos los bolsillos (4 euros un completo menú con una cerveza Cusqueña de trigo incluida).

Paseando por el casco histórico de la ciudad encuentro un bar llamado Museo Café Bar, que verdaderamente hace honor a su nombre. Se trata de un local dedicado al conocido artista trujillano Gerardo Chávez López, al que algunos críticos de arte califican como «El Bosco contemporáneo». Como a estas horas el local está vacío, su encargada me explica con suma amabilidad y con todo detalle la vida de Gerardo y las diferentes obras allí expuestas.

 Definitivamente Trujillo me ha gustado mucho. Para mí junto con Arequipa y Cuzco forma el trío de ciudades peruanas más interesantes y bonitas. Y por si esto no fuera suficiente, además aquí dejo muy buenas amistades a las que prometo volver a visitar. 

Trujillo-Huacho (470 k)

 La mañana está soleada y aunque ya esté de regreso a Lima, lo que significa que mi viaje está cerca de llegar a su fin, hoy me siento especialmente animado. Como es etapa larga, en el primer tramo de autopista que encuentro, y tengo para mi solo, me apetece ir más rápido de lo normal. Todo está en orden, ningún vehículo al frente, y a la velocidad de crucero que viajo dudo mucho que por detrás pueda alcanzarme cualquier otro. De pronto algo llama mi atención, a lo lejos un hombre aparece en la mediana de la autopista, parece dispuesto a cruzar al otro lado, y creo distinguir que lleva algo en una de sus manos. No me preocupa, ni freno, ni aflojo el acelerador, todavía hay distancia suficiente para que le dé tiempo  y sin duda me ha visto pèrfectamente, ya que cruza a la carrera. Lo que nunca podré llegar a imaginar es lo que va a suceder en los próximos segundos…

   Rápidamente se va reduciendo la distancia que nos separa, pero repentinamente detiene su carrera, se planta de rodillas en medio del mismo carril por el que yo voy lanzado y extiende ambos brazos hacia arriba levantando lo que lleva en la mano.. Ya es demasiado tarde para intentar frenar, además, a la velocidad que voy, si lo intento lo más seguro es que tenga una caída. Pero tengo que hacer algo, y ya mismo, o me voy a estampar contra el loco este. Sólo tengo una posibilidad de esquivarle y es echándome hacia mi lado izquierdo, todo esto confiando en que detrás de mí no venga otro loco que circule a más velocidad que la mía y esté ocupando el carril izquierdo. Confío en que la suerte, esa que siempre necesitamos en momentos como este, me eche una mano. Como ya no hay otra opción, acelero todavía más y me echo todo lo que puedo hacia mi izquierda, por fortuna tengo libre ese carril. Pretendo esquivarle lo más alejado posible de él, ya que no tengo ni idea de si intentará atacarme, tirarme de la moto o incluso arrojarme lo que lleva en la manos. Echo un rápido vistazo, el loco sigue mirando al frente, su mirada está como perdida y ni se inmuta cuando paso a unos 2-3 metros de distancia y a casi 180 k/h, Aún me da tiempo a ver que es lo que levanta en sus manos, es una fotografía de el rostro de un hombre con barba, que puede ser desde Cristo hasta su padre, vaya usted a saber…

  Una vez superado echo otro vistazo, esta vez por el retrovisor, y allí sigue, como un torero esperando a «porta gayola» la salida del toro. Poco a poco reduzco la velocidad hasta unos razonables 100 k/h, mientras pienso en la suerte que he tenido y en qué era lo que intentaba el tipo al hacer esta locura. ¿Querría suicidarse?, ¡¡ Joer, pues si era eso, que lo haga cuando vea venir un camión de 5 ejes, que tendrá más posibilidades de éxito que si le atropella  una moto!!. Intento calmarme un poco, centrarme de nuevo en la conducción, y es ahora cuando me doy cuenta que mis piernas están temblando, y que soy incapaz de detener ese movimiento. ¿He pasado miedo? Sí, lo reconozco, y además mucho. Pero es ahora cuando aflora ese miedo, ya que en aquellos críticos instantes mi mente estaba únicamente centrada en resolver la situación.

   El paisaje es cada vez más desértico, si es que alguna vez dejó de serlo, con grandes dunas por las que entre medías serpentea la autopista. Es un paisaje que me gusta mucho y además el trazado, y los pocos pueblos que cruzo, me permiten avanzar rápido. No puedo retrasarme mucho, ya que antes de llegar a Huacho, lugar donde espero pasar la noche, tengo que tomar un desvío de unos 30 k para llegar hasta las ruinas de la Ciudad Sagrada de Caral, visitarlas, y después desandar ese camino para volver a la autopista e intentar llegar a mi destino final antes de anochecer. En un pueblo llamado Barranca paro a comer algo y a repostar. Un hombre está barre que barre su pequeño kiosko, compro un refresco y comenzamos a charlar. Uno de sus hijos estuvo hace años trabajando en España, pero no recuerda en qué ciudad. Le pregunto por el estado del camino a partir del desvío que debo tomar para llegar a Caral. Me dice que está bien, aunque creo que para él eso de «bien» sólo significa que no es trocha, que está asfaltado.

  Al final son 40 k los que tengo que hacer por una carretera que en efecto está asfaltada, pero el firme está en muy mal estado y lleno de agujeros. Los últimos 5 k antes de Caral son de una trocha, que para un coche no tendría ninguna dificultad, pero que para una moto está llena de trampas.
Tengo suerte, primero porque no me caigo, segundo porque encuentro Caral vacía de turistas, aunque esto ya me lo esperaba ya que no es un lugar muy conocido, y tercero porque al pagar la entrada me informan que en pocos minutos comenzará la última visita guiada del día. Lo dicho, hay días que la suerte acompaña. El grupo solo lo componemos dos parejas brasileñas y yo. El colmo de la buena suerte habría sido que los brasileños se hubieran mostrado educados con el guía e interesados con sus explicaciones, pero quizás esto ya era mucho pedir…

   La ciudad Sagrada de Caral está considerada como la ciudad más antigua de América. Pertenece a la civilización del mismo nombre y también está considerada la más antigua de este continente. Data de hace unos 4.000-5.000 años, lo que significa  que se desarrolló unos 1.500 años antes de la Olmeca y fue contemporánea de la Egipcia y la Sumeria. Su descubrimiento es muy reciente, ya que fue en la década de los 60´del siglo pasado cuando, gracias a un vuelo en avioneta, esta zona del valle del Supe se empezó a investigar con fines arqueológicos. Después de diversos intentos no fue hasta 1996 cuando se realizaron las excavaciones que dejaron al descubierto los restos de sus construcciones con forma de pirámides, una especie de anfiteatro y diversas construcciones de viviendas, así como canales de irrigación y más elementos constructivos que indican fue la capital de una amplia zona. En fecha muy reciente, 2009, Caral fue declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

  Después de las tres noches en el hotel Libertador de Trujillo, hoy no quiero meterme en cualquier cuchitril, pero después de parar en tres hoteles me temo que la oferta hotelera de Huacho no es de mucha calidad . Pregunto en una gasolinera, me indican un hotel cercano, el Kajaca, y aunque está anocheciendo, hago un último intento. Por fuera solo se ve una alta tapia de unos 4 m de altura, que además no tiene ningún indicador de que allí exista un hotel. Desde la calle esto puede parecer cualquier cosa menos lo que yo busco, y desde luego que para alojarte aquí tienes que saber de antemano que tras el muro se esconde un alojamiento. Toco el timbre, un hombre sale a abrir la puerta y veo un bonito edificio y buenas instalaciones. Se terminó la búsqueda, me quedo aquí.

Huacho-Lima (160 k)

Último día con moto, por lo que toca divertirme en los pocos kilómetros que tengo hasta la entrada en Lima, ya que luego tendré que cruzarla hasta llegar a el distrito de Chorrillos, donde está la sede de Motoviajerosperú, y esa parte ya no tendrá nada de divertida. Las grandes dunas llegan hasta la orilla del mar y muchas veces, para superarlas, la autopista tiene que ascender hasta su cima. Poco a poco van aumentando las construcciones y antes de lo que pensaba me veo de nuevo engullido por el atasco continuo de Lima.

 Me tomo las cosas con mucha calma, sería una tontería echar a perder todo el viaje por adelantar ahora un par de metros, o colarme entre dos coches y maniobras similares. Después de poco más de 2 horas desde que entré en Lima, llego a mi destino final sin incidentes. Ya me había dicho Iván que había tenido que salir hacia Arequipa y que él hoy no podría estar para vernos. Entrego la moto a Eduardo, comentamos cosas acerca de mi viaje, recojo todas mis cosas, me despido de él y pido un Uber. Cuando estoy cerca del hotel que reservé anoche, me doy cuenta que tengo conmigo la documentación y el seguro de la moto. Le digo al conductor que espere, que dejaré todo mi equipaje en el hotel y que tendrá que llevarme de nuevo a donde salimos para devolver todos los documentos de la moto. Un poco más tarde de  las 14 h. por fin está todo resuelto.

 Hasta mañana no sale mi vuelo por lo que tengo tiempo para despedirme de amigos y preparar todo el equipaje con calma. Por la mañana doy un paseo por el centro de Lima y entro a ver un mueso de Historia Natural que está muy bien. Me sirve para aprender muchas cosas acerca de Perú, su historia y su naturaleza. 

Marisol pasa a buscarme para irnos a comer y llevarme después al aeropuerto, pero antes tenemos que hacer una visita que tengo pendiente. Mi amigo Samuel Pintos es un conocido artista limeño que me había invitado a su conocer su estudio. Llegamos al barrio de Rimac, y me gusta el recorrido que hacemos hasta el estudio de Samuel. Visitar uno de los distritos más populares de la ciudad me permite conocer una Lima totalmente diferente de la que más conozco, es decir Barranco, Miraflores y Chorrillos. Conocí a Samuel el año pasado, en el 1º E.G.V Perú, ya que además de artista, y debido a sus exposiciones por toda Sudamérica, es también un gran viajero y fue uno de los ponentes el año pasado. Tiene el gran detalle de regalarme, y dedicarme,  una de sus pinturas y una estupenda fotografía de la vida diaria del propio Rimac. Como ambas obras están enmarcadas, y mi equipaje bastante completo, con sumo cuidado las protegemos para que lleguen hasta mi casa en perfecto estado. Muchas gracias Samuel.  Y muchas gracias por supuesto a Marisol por todas las atenciones recibidas, por su disponibilidad y por su tiempo, nos volveremos a ver en otro E.G.V, en España o en Perú.

Conclusiones

Mientras espero la salida de mi vuelo, hago un repaso a todo lo sucedido en los últimos 18 días y a los casi 2.500 k recorridos por Perú en moto. El viaje no ha podido resultar ni mejor ni más completo. Ha sido una excelente mezcla de aventuras, cultura, experiencias, de reencuentros  y también una oportunidad de conocer nuevos amigos. Viajar por un país, en este caso Perú, en el que de otros viajes ya conoces a gente estupenda y acogedora y que ellos a su vez te van poniendo en contacto con otras personas allá por dónde te lleva la ruta, es una de las mejores cosas que te proporciona viajar, conocer gente.

Como siempre,  la moto ha sido el vehículo que me ha permitido llegar a lugares remotos, esos que el turismo general no conoce y que si llega hasta ellos lo hace como un punto de paso a otros lugares. Y ya que hablo de la moto, su comportamiento ha hecho que me olvidara de ella, quiero decir que como son ya muchos los viajes hechos con modelos como este, su fácil manejo hizo que sólo me tuviera que preocupar de conducirla y de vez en cuando hacerla una breve revisión. La BMW 800 GS me llevó a conocer lugares extremadamente hermosos, como las veces que crucé la cordillera ascendiendo hasta a alturas a las que los europeos no estamos acostumbrados, o el recorrido que hice por la Amazonía. Y cómo olvidarme de las horas pasadas en la soledad de las trochas por las que me tocó conducir. Sin duda en ellas tuve algunos momentos duros, pero conduciendo por ese terreno pude contemplar imágenes difíciles de olvidar. Pero hay un lugar que está por encima de todo ellos y para mí ha supuesto un descubrimiento, seguro que si has leído la crónica al completo ya sabes que me estoy refiriendo al impresionante Cañón del Pato. Un recorrido inolvidable y que tengo mis dudas de si algún día repetiré, creo que será imposible volver a sentir lo que sentí aquella mañana.

Pero como nos suele suceder a Conchi y a mí, hay viajes que por muy espectacular que sea su recorrido hay algo que le supera a este, la gente que conocemos en ellos. Mis viajes en moto hicieron que, además de acudir al 2º E.G.V Perú, estos viajes también dieron lugar a que Luz me invitara a participar en la jornada de Turismo que organizaba en su Universidad, o a conocer al equipo de la empresa que me proporcionó la moto, Motoviajerosperú, o a Carlitos, el simpático niño que me ayudo a encontrar el puente por el que poder cruzar un río. Mi recorrido también me llevó a conocer otros muchos, como el gerente del hotel de Huánuco, el chico de Tingo María que me llevó en su moto-taxi a la Cueva de las Lechuzas, a Patricia, Selena, Gladys, Iñigo, Iván, Thalia, Wili, Luz, Miguel, Marisol,…incluso los propios paramilitares que me detuvieron en aquella carretera de la selva, o cualquiera de las muchas  personas anónimas con las que intercambié unas cuantas palabras,…Unos y otros hicieron que mi experiencia por el Perú fuera tan hermosa como la he relatado.