2017 ESTADOS UNIDOS (y III)

Houston-San Antonio-Dallas

 

   Si has llegado a Houston, ya no tienes disculpa para no acercarte a San Antonio, que  merece mucho más la visita. Abandonar Houston un lunes a primera hora, no tiene más problemas que ir enlazando las autopistas correspondientes y moverte entre un intenso tráfico. Tras recorrer unos 350 km, nuestra ya habitual Interestatal 10 nos lleva hasta San Antonio. Había visto en Internet una espectacular casa de época, situada muy céntrica, que había sido convertida en hotel, fuimos directos a ella. El exterior muy bonito, vamos a entrar y la puerta está cerrada, llamamos al timbre. Al abrirnos y ver nuestra indumentaria de moto, su dueña (encargada, recepcionista o lo que fuera), que tenía aspecto de haberse tragado una escoba, no puede evitarlo y “arruga el hocico”. Mal empezamos…

-¿Qué desean?

-Una habitación para 2 noches.

-Sí, tenemos habitaciones libres. Pasen y esperen, porque ahora estoy atendiendo a unos clientes… Pero les advierto que es un hotel caro…

 ¿Pero qué clase de recibimiento es éste? ¿Tan mala pinta arrastramos o qué?.  Vamos a ver, buena señora, si es caro o no ya lo decidiremos nosotros. Según el precio que hemos visto anteriormente en la web del hotel, son unos 150 dólares la noche, con lo que ya es más barato que el Four Seasons de hace unos días en Nueva Orleans. Mientras esperamos comentamos lo estúpida que nos ha resultado la “indivídua”. Pasados 10 minutos sigue sin atendernos, y decidimos marcharnos. Nos vamos a otro hotel, de la cadena “La Quinta” que los hay en muchas ciudades, también céntrico, y que nos resulta por la mitad de precio. La recepcionista nos atiende correctamente, nos pregunta de dónde somos, qué tal el viaje en moto y esas cosas habituales. Seguramente estaremos mucho mejor en este ambiente que no en el del primero.

  En 1691 un grupo de españoles llegó aquí, y el día de San Antonio fundaron un asentamiento. Uno de aquellos hombres era Antonio de Béjar y de su apellido deriva el nombre del estado, que con el tiempo pasó de Bexar a Texas. Más tarde arribaron otros españoles, estos procedentes de la Islas Canarias, y fueron los que convirtieron el asentamiento en una pequeña población. En su catedral hay muchas referencias a este hecho, incluida una imagen de la patrona canaria, la Virgen de la Candelaria. Tuvimos la suerte de que nos acompañara el hombre que está al cuidado de la catedral, y que es de ascendencia mexicana. El nos fue dando toda clase de explicaciones acerca de la estrecha relación entre San Antonio y las Islas Canarias. Un descendiente de canarios, y residente en la ciudad, el Doctor Chiscano, todos los años organiza un viaje desde Canarias a San Antonio, para mostrar la huella dejada en esta parte de Texas por sus paisanos. Nuestro guía se sorprendió cuando le aclaramos que la ciudad de Béjar no está situada en las islas, si no en nuestra propia provincia de Salamanca.

   Toda esta historia acerca de la fundaciñon de la ciudad nos resultó muy interesante, pero todavía nos quedaba mucho por ver. El céntrico paseo, bordeando el río del mismo nombre que la ciudad,  bonito, muy bien cuidado y conocido como el “river-walk”. También entre sus muchos museos cuenta con un par dedicados a los cow-boys.  Y para los aficionados al baloncesto seguro que les suena mucho San Antonio por ser la sede del equipo de baloncesto de los San Antonio Spurs, que han ganado en cinco ocasiones el campeonato de la NBA.

  Pero lo más emblemático, y que en parte se mantiene en pie, es un lugar fundamental en la historia de los estadounidenses. Como tantas otras cosas, y debido en parte a la industria del cine, seguro que su nombre te es familiar, El Álamo. Aquí se desarrollo la trascendental batalla en la que los llamados “defensores del Álamo”, entre ellos el aventurero y popular David Corckett, a pesar de ser aniquilados por los mexicanos, sembraron la semilla para que en batallas sucesivas Texas se independizara de México. La visita a El Álamo es imprescindible para entender y conocer un poco más toda esta historia, aunque como es lógico está contada desde el punto de vista estadounidense. Indagando por otros canales te enteras que, como tantas veces la realidad y la ficción se entremezclan, y los llamados “héroes del Álamo” quizás no lo fueran tanto y en realidad su leyenda se ha ido incrementando con el paso del tiempo.

  Dejamos el sur, y la Interestatal 10,  y comenzamos a viajar en dirección norte. Una carretera secundaria es la que tomamos para ir a un pequeño pueblo llamado Bandera. Para nuestra sorpresa la carretera 16 discurre subiendo y bajando colinas, con distintas tonalidades de verde, atravesando bosques y prados delimitados por las típicas vallas de madera pintadas de blanco. Y además hay curvas, algo que no veíamos desde hacía días. Son curvas suaves, excelentes para la Goldwing y para nosotros. Y así llegamos a Bandera, al que califican como la capital mundial de los cow-boys. Uno se teme encontrar un pueblo temático y lleno de turistas, pero no es así, parece que hoy nosotros somos los únicos forasteros.

 Bonito, tranquilo, auténtico, pequeño, pero un pueblo más. Aunque no le faltan sus señas de identidad, sus tiendas llenas de productos relacionados con el estilo de vida cow-boy.  No esperes ver gente a caballo, con el colt en la cartuchera y llevando ganado de un lado a otro, al menos nosotros no vimos nada de esto. Pero si tienes tiempo, no está de más acercate por aquí y hacer una parada.

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   Kerrville, Fredericksburg, Stonewall, Johnson City (lugar de nacimiento del que fuera presidente Johnson) son algunos de pueblos que dejamos atrás mientras vamos, ahora por la 290, hacia Austin. En alguno de ellos paramos, tomamos algo, vemos a la gente ir y venir en sus camionetas…en difinitiva, la vida habitual de un pueblo normal, en un día entre semana. Por aquí no se ven muchos hispanos, o más bien no les vemos en el centro de los pueblos. La mayoría de la gente son estadounidenses desde hace varias generaciones, Blancos, católicos y republicanos, y orgullosos de ello, y de su nación, de su bandera y de sus tradiciones. Esto debe ser lo que se conoce por la “Texas profunda”. Debido al sol de estos días, el color que ha tomado nuestra piel es más bien oscuro, por lo que es fácil que piensen que somos hispano-americanos, quizás por esto no se muestran muy comunicativos con nosotros. La cosa cambia cuando les decimos que somos de España y más cuando les comentamos que es la segunda vez que viajamos por los EE.UU. Evidentemente callamos que ayer estuvimos en un concierto de Los Tigres del Norte, podíamos echar a perder la simpatía que muestran cuando les comentamos lo mucho que nos gusta su país…

   Austin es la capital del estado, una gran ciudad industrial, aunque también tiene su lado cultural, no en vano es conocida como la ciudad de la música en vivo. La calle donde se sitúa el corazón cultural, es la sexta. A sus lados hay multitud de bares y restaurantes en los que se pueden escuchar bandas interpretando jazz, blues, country…y muy cerca de ella se levanta el imponente edificio del capitolio, que es la sede del gobierno del estado. Llegamos a media tarde, el día nublado ha dejado paso a un sol radiante y la temperatura de nuevo vuelve a subir, hasta cerca de los 30º. Nuestras intenciones pasan por una visita a la sexta, comprobar si es tan animada como dicen (parece que la hora no es la más adecuada, está demasiado tranquila) y seguir camino, ya que preferimos dormir en algún otro lugar más pequeño.

  La salida de la ciudad se complica bastante, es la hora en que la gente deja sus trabajos y se dirige hacia sus residencias en la periferia. Tuvimos que recorrer más de 60 km hasta que encontramos la Interestatal 35 libre de tráfico, por ella llegaríamos al día siguiente a Dallas. Pasamos por Waco, quizás te suene porque en 1993 fue noticia mundial debido al encierro de un grupo de componentes de la secta de los “davidianos”. El asedio de los federales a los mismos concluyó con unos 70 muertos.

   Un antiguo motel de carretera, con todo el sabor de hace décadas, fue nuestro punto y final a este día. Es bueno pasar alguna noche en uno de estos moteles, no disponen de las comodidades de los hoteles de las grandes cadenas, pero son bastante más económicos (menos de 40 dólares la noche y con un sencillo desayuno incluido). Suelen estar limpios, las camas, como por todo el país, son enormes y sus dueños, por lo general, son muy amables. En este caso era una familia de pakistanies, llevaban años en el país y nos contaron que con mucho esfuerzo y trabajo habían comprado este motel para que lo explotaran sus hijos. Aunque no sé si habría sido una buena inversión, el motel tendría unas 80 habitaciones y por los coches que estaban aparcados frente a ellas, esa noche no estarían ocupadas más de 5 ó 6.

   Dallas es nuestro destino y allí nuestra ruta toca a su fin. Aunque en realidad son tres ciudades las que , por una causa u otra, obligatoriamente tenemos que visitar. La propia Dallas, Fort Worth e Irving, que están una a continuación de la otra, y sin separación entre ellas. Vamos con la primera, Dallas.

   Desde el siglo XX los medios de comunicación nos han metido la cultura, el estilo de vida, y los acontecimientos de la sociedad estadounidense en nuestras vidas. Hay un buen número de ciudades que por diversas razones su imagen resulta familiar. Por el cine, una serie de Tv, un libro, una canción, un acontecimiento… Llegando a Dallas, y viendo su skyline, inevitablemente vino a mi mente aquella serie de los 80 que tenía el mismo nombre que la ciudad a la que entrábamos. Entonces no podía imaginar que algún día llegaría conduciendo una moto, a la ciudad en la que J.R conspiraba contra la familia Ewing.

  Al igual que en Houston, mejor dicho, aún en mayor medida, los pasos elevados entre unas autopistas y otras están por todas partes, y aquí la gente conduce muy rápido. Más vale tener claro por dónde te tienes que meter, estar muy atento a la hora de hacer las maniobras y no andar dudando. Como toda gran ciudad, Dallas tiene multitud de ofertas para los visitantes, museos, parques de atracciones, zoológico, galerías, aquí también tienen un puente con el inconfundible sello del controvertido arquitecto Calatrava, el puente Dalasita…

  Pero por encima de todo, mi interés por esta ciudad se centraba en un suceso que hizo que Dallas fuera conocida en todo el mundo. En noviembre de 1963 yo tenía 3 años, en aquel mes aquí asesinaron a John F. Kennedy. Y no sé por qué extraña causa, ese suceso es de los primeros que conservó en mi memoria. Recuerdo a los mayores comentando aquel hecho como algo muy grave y que resultaría todo un acontecimiento, aunque evidentemente por mi edad no  entendiera el porqué. Por esto yo tenía una cita en Dallas, con la historia del siglo XX, con mi memoria y con mi niñez.

   Desde la sexta planta de un edificio con la fachada de ladrillos,  que se asoma a la plaza Dealey, es desde donde salieron lo disparos que acabaron con la vida del presidente, o al menos eso dice la versión oficial. Hoy en día allí hay un museo, situado en el mismo piso en el que ocurrió todo, y  llamado así “Museo de la sexta planta”. Por medio de fotografías, paneles, vídeos y una audio-guía conocerás muchas cosas no solamente referentes al cómo y el por qué del asesinato de Kennedy, también harás un viaje por la sociedad americana, la situación del mundo en aquel 1963, cómo llegó Kennedy al poder y las expectativas creadas con su llegada a la presidencia. Su visita simplemente nos encantó, empleamos casi 2 horas que pasaron volando. Sin duda es algo que, a poco que te interese la historia reciente, no te debes perder si visitas esta ciudad. En el asfalto de la propia carretera que cruza la plaza Dealey, hay marcada una X que señala el lugar en el que los disparos acabaron con la vida de Kennedy.

   Desde la Plaza Dealey dimos un paseo por el centro y llegamos a una zona verde llamada “parque de los toros”, situada en Pioneer Plaza. Cuando llegas a el, y ves sus esculturas a tamaño real, entiendes el por qué de su nombre.

  En Dallas teníamos otra cita más,  ésta acordada tan solo unos días antes. Arrancamos la moto y nos dirigimos al norte de la ciudad para ir a conocer el “Monkey Garage”. Quizás lo haya visto alguna vez en la Tv, ya que es uno de los programas cuya temática gira en torno a la restauración y preparación de coches más famoso y que más tiempo lleva en antena- En España suelen emitirlo a través del canal Discovery. Habíamos entrado en contacto con su propietario, Richard Rawlings, y aunque nos comunicó que justo ese día no estaría allí, nos puso en contacto con uno de sus hombres de confianza para que nos recibiera. Primero compartimos mesa con algunos de sus mecánicos en el restaurante que el propio “Monkey Garage” abrió a escasas 3 millas de sus talleres. Por cierto, viendo cómo se encontraba de gente, Richard tuvo una buena idea cuando decidió abrirlo. Después nos invitaron a visitar sus instalaciones, donde trabajan y a la vez filman los programas de la serie.  Como es lógico, antes nos pidieron que nada de fotografías en el interior, ni de comentar en lo que estaban trabajando, de acuerdo, ok. Pero no tuvieron reparo en responder a la mayoría de nuestras preguntas, y por su parte también quisieron conocer cosas acerca de nuestros viajes en moto.

   En nuestra anterior visita por los EE.UU dejamos pendientes dos cosas, y ambas pudimos llevarlas a cabo en Fort Worth, concretamente  en una zona conocida como Stockyards, situada al norte de la ciudad. Se trata de un área de recreo dedicada por entero a los cow-boys, sin la autenticidad de Bandera, pero, quizás por eso, mucho más animada.

   La primera cosa prevista era ir a un “honkey-tonk”. Puede que no tengas ni idea de qué es (eso me pasaba a mi) , pero lo has visto muchas veces en las películas. Un “honkey-tonk” es el nombre que reciben los bares en los que se come,  bebe,  baila y se escuchan en directo a bandas y cantantes de música country. Ver a la gente bailar country, tal y como lo hacen en Texas, es todo un espectaculo. Ya que vamos a conocer uno, que mejor que ir al que dicen es el más grande del mundo, el  “Billy Bob´s Texas”.  Y si que es grande, en su interior tiene una zona de billares, varios restaurantes, barras, escenarios, pistas de baile…Mientras cenábamos pudimos ver la actuación en directo del gran Roger Creager.  A nosotros tampoco nos sonaba su nombre, pero la gente nos dijo que era una suerte haber podido escucharle, ya que parece ser que es uno de los cantantes tejanos más populares.

  Y la segunda cosa que teníamos  pendiente, era acudir a algo tan genuinamente americano como es un rodeo. Por la mañana y por la tarde, la calle principal del Stockyards se llena de gente para ver como unos supuestos cow-boys guían hacia los corrales unas cuantas cabezas de ganado. Para los que, y además con orgullo, somos y vivimos en un pueblo, ver pasar por una calle vacas y toros, es algo que no llama nuestra atención. Aunque fue inevitable la foto con uno de esos toros de cuernos interminables.

   Pero te aseguro que lo que si merece la pena es el rodeo como tal. Por el espectáculo que hay a su alrededor y por el ambiente que se encuentra en sus gradas. Todas los días, en el Cowtown Coliseum,  se celebra alguno de estos rodeos. Como en cualquier acto deportivo o festivo estadounidenense, lo primero es el himno de la nación. Ver al público levantado, con la mano en el corazón y cantando su himno, y sin entrar en análisis más profundos, te permite constatar que verdaderamente tienen un amor y un respeto a su patria y a su bandera que no es normal encontrar en otros países.

   Y el resto pues ya te lo imaginas. Concursos de monta de toros, concursos con el lazo, derribo y atado de terneros, pruebas de habilidad con los caballos…Te aconsejo que si vienes por aquí, no dejes de acudir a uno, son 2 horas de puro espectáculo yanqui.

    Tuvimos la suerte de que tanto la entrada al “honkey-tonk” como al rodeo nos resultaron gratuitas, ya que al ser extranjeros nos regalaron unas invitaciones en la oficina de turismo de Fort Worth, aunque no tengo ni idea si fue una casualidad o siempre es así.

   LLega el momento de devolver la magnífica Goldwing en la sede de Eagle Rider situada en la ciudad de Irving, entre Fort W. y Dallas. Lo que generalmente resulta un trámite rápido y agradable, ya que la moto no presentaba la menor incidencia, no resultó como esperábamos. El responsable es un tipo mal educado e incompetente, quien ni siquiera responde a nuestro saludo, no pregunta nada acerca de cómo ha transcurrido nuestro viaje, ni de cómo ha ido la moto. Resumiendo, pasa de nosotros y de la recepción de la moto. Al final dice que bueno, que bien, que le dejemos allí la moto y listo. Ya hombre, esta noche te la roban, o hay un incendio, y cómo justificamos que te la hemos entregado, y además en perfecto estado.  No nos vamos a marchar asi como así, y durante casi una hora tenemos que insistir, y por momentos llegamos a discutir, para que finalmente nos entrege, y firme, un justificante en el que refleje que efectivamente devolvemos la Goldwing en el día acordado en nuestro contrato y en perfecto estado. Por supuesto que de ofrecerse a solicitarnos un taxi para que nos lleve a nuestro hotel, como es habitual, nada de nada.

   A nuestro regreso a España decidí enviar un mail a la central de Eagle Rider comentado lo ocurrido. Al menos esta vez actuaron como se espera de una empresa como esta y nos reintegraron, de lo pagado por el alquiler, cierta cantidad de dinero como compensación por esta pésima atención.

  Por fortuna este último suceso no empaña un viaje como el que acabamos de realizar. Quizás los paisajes no hayan sido para dejarnos con la “boca abierta”, y menos teniendo tan reciente en la memoria nuestro viaje por la espectacular Colombia, realizado hace sólo 3 meses. Pero viajar no es sólo disfrutar de paisajes bonitos, viajar son sensaciones, vivencias y experiencias. Es innegable que en los EE.UU nos hemos divertido, hemos aprendido muchas cosas de la historia y de la gente de este país. Hemos conocido parte de la realidad de los hispanos que viven y trabajan aquí, hemos vibrado con los Tigres del Norte, con el espectáculo del rodeo, con la música country, pisé un lugar que desde niño guardo en mi memoria, fuimos recibidos por la gente del “Monkey Garage”, en Nueva Orlenas disfrutamos de la noche y de la fiesta en la emblemática calle Bourbon Street…Y todo ellos viajando por 5 estados sobre una moto que en este país, y por estas carreteras, se encuentra en el terreno para el que fue creada.

¿Echaremos de menos a la Goldwing al volver a España?, creo que no….

¿Haremos un tercer viaje por los EE.UU?, creo que sí…